Un día encontré a una vieja amargada que compulsaba papeles en la xunta de galicia. La pobre mujer vivía sola, triste en su piso de 90 millones, enorme y, por muy alta que pusiese la calefacción, gélido.
Estaba sentada en su silla de funcionaria, detrás de una mesa de funcionaria compartida con otras funcionarias, auxiliares administrativas deduzco, siempre mujeres, qué curioso, todavía. La vieja rezumaba pijería y tenía ese refinamiento distante de los que viven en su cúpula clasista y s [...]
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