En el bolsillo del pantalón de chándal que Edmun (o Mundo) se había puesto para operar más cómodo aquella estruendosa noche guardaba intacto un décimo de lotería que no sabía él, y no sabría jamás nadie de su entorno, que estaba premiado con ciento veinte mil eurazos. ¡Era rico! O hubiera o hubiese sido, de no ser por la traición que su cerebro semimutilado le hizo en el último momento, bien por desuso de conocimientos adquiridos, bien por desgaste psíquico de soportar la gota que chapotea continuamente en la cabeza, que también es water, my friend. El destino, oh el destino, dícese de la sucesión inevitable de acontecimientos provocados e incognoscibles. Condenado a la infelicidad, acosado por la insatisfacción, secuestrado por el espíritu de la derrota, mutilado por un bidé... Se empezaban a oír los gritos de llanto y desesperación de Gertru y su marido por las escaleras. "Mundoooo, Mundo míooo"
En el otro lado de la calle la cepo escuchaba estupefacta como la del "diario que nunca duerme" le colgaba secamente el teléfono tras decirle que no tenían tiempo para escándalos superficiales de personas anónimas que no sabían cocinar con gas butano.
Le hicieron la autopsia. El pinche explotado del forense (que, curiosamente, también tenía sus carreritas, masters y tal, el pinche digo, no el forense, el forense ni siquiera era forense) se llevó una grata sorpresa escondida en el bolsillo del chándal, y todo recuperó su armonía, el mundo volvía a girar, un pobre energúmeno saldría de su vida apopléjica de manera escatológicamente inimaginable mientras otro salía de su vida sin más también rodeado de elementos escatológicamente inimaginables. La inmensa cantidad de causas es impensablemente inmensa, es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí , de lo que no había duda era de que probablemente Edmundo ahora tocara o tocase el arpa y resolviera o resolviese ecuaciones complejas para dios y su p... propia madre.
F.M. Cuando el herrero no da en el clavo es un errero.