Se me ha vuelto a mojar la ropa que tenía seca colgada en el tendal. Llevo un año aprox repitiendo la misma inútil experiencia: echo la ropa a secar con un sol reluciente, se seca como no podía ser de otra manera ante las condiciones ambientales indiscutiblemente apropiadas y, antes de que la recoja y contra todo pronóstico, se pone a llover, lo que viene a significar que la ropa se moja otra vez cuando ya estaba seca y me veo en la obligación de volver a lavarla - tengo la fijación obsesiva de que la primera lluvia después de días de intenso calor es radiactiva de manera que para mí sería un sacrilegio no volver a lavarla- con el inconveniente de tener que secarla una vez más y como afuera llueve y dentro del piso no seca bien además de que no tengo sitio, se convierte en un problema de considerable magnitud que, añadido a la rabia por dentro que a una le entra y al hecho de ser consciente de que estoy estropeando la ropa sin siquiera haberla puesto con tanto lavado superfluo, me dan ganas de gritarle al cielo "Llueve capullo, llueve a ver si te atreves", qué estupidez, vaya si no se atreve.
Y eso que me informo y todo, antes de lavar procuro ver el tiempo en el telediario e incluso hago pequeñas tareas de investigación internáutica consultando distintos portales que ofrecen servicios sobre el tiempo, meteogalicia, el ministerio de medio ambiente... para estos días por ejemplo daban un espectacular anticiclón que duraría todo el fin de semana por lo menos y sin embargo sólo duró ayer así que se confirma mi teoría de que debo de vivir en un universo paralelo porque por donde yo ando las cosas que dicen que pasan o van a pasar, sencillamente, no pasan. Esto lo podemos a extender a otros variados ámbitos que no tienen que ver con la meteorología precisamente, pero ya estaría yéndome por esos cerros de Úbeda que tanto gusto de frecuentar.
Es por esto que en muchas ocasiones la ropa anteriormente limpia termina por adquirir un asquerosos pestazo a humedad así que para evitarlo la lavo de nuevo y cuando ya está seca colgada en el tendal, maldita sea, vuelve a llover imprevisiblemente y vuelvo a repetir el proceso hasta que por fin, en un día iluminado o tocado de la gracia divina, confluye mi acto de lavar la ropa, el proceso de secado y las condiciones meteorológicas apropiadas y todo adquiere de pronto un orden anteriormente desconocido.
Así lavaba así así, así lavaba así así, así lavaba así así así lavaba que yo la ví...
Ya tengo otra tonelada de ropa esperando, a este ritmo no voy a tener tiempo (lo pillan??) de buscar ocupación laboral, profesión u oficio ya que me estoy especializando como meteoróloga por obligación sin remuneración. En ciertas temporadas me paso el día poniendo la lavadora, echando la ropa a secar, recogiéndola porque me doy cuenta de que llueve, extendiéndola por el cutrepiso como puedo para que se airee (cuando hay sábanas por el medio es algo digno de ver), aprovechando los claros para sacarla al tendal y evitar el holor a húmeda humedad, entre tanto ya junto ropa para otra lavadora y todo es ropa, ropa y más ropa seca, semiseca, mojada, sucia, semisucia, que huele a humedad y que está limpia, distintas categorías y posibilidades en las que aglutinar pantalones, chaquetas, sudaderas, bragas y calcetines etc.
Eso que no plancho. A estas alturas, me niego!
Para saber si va a llover pregúntenme si voy a lavar. Hay un 99% de posibilidades de que así sea. Amén.
Me compraré un
Gallo de Potugal que me ilumine en esta ardua tarea doméstica.