Hipo-tiroidismo
De ahí que engordase tanto en este último mes y medio (unos 5 kilos), el cansancio continuo y la apatía, las arritmias, el mal humor y los ataques de buen rollo al cuarto de hora.
El caso es que últimamente lo que más me cuesta es ser normal.
Ayer estaba en casa desquiciada porque tenía que ir a recoger los resultados al médico. El ruido de las obras me estaba afectando especialmente, hasta los pedos del vecino me molestaban especialmente. Bajé las escaleras con un tembleque constante en las rodillas, salí a la calle y un golpe de calor me puso la cara en ebullición, lo que me hizo recordar la fotosensibilidad que padezco y que me había olvidado de echarme la crema de rigor. Ya era tarde, tenía prisa por llegar al médico, aunque allí tuviese que esperar una hora, lo único que quería era llegar, así que pasé de la crema... sólo hay cuatro calles desde el piso al centro de salud, ¿qué podía pasar?
En la obra estaban los obreros ociando como no podía ser de otra manera, allí apoyados en una baranda que montaron, rebozándose al sol y criticando a la gente que pasaba. Cuando me tocó pasar a mí noté sus miradas clavadas, cualquier día les hago un corte de mangas bien visible para que lo miren también. Así que, indignada y orgullosa, pasé de largo por delante de los mirones, erguí mi espalda y alcé la vista gélidamente hacia el infinito mientras bordeaba un camión cargado de piedras.
En ese preciso instante estaban cargando la piedra de las piedras, la madre de las piedras y los pedrolos, que produjo tal estruendo al caer contra el remolque del camión que casi me da un siroco, vaya susto en estéreo...perdí la compostura, encorvé la espalda antes erguida y puse mis manos sobre la cabeza a modo de protección, del revuelo se me cayó el bolso y de él su contenido, me agaché a toda prisa para recoger las cosas y sólo ruego a dios que no se me vieran las bragas. Obviamente no miré atrás para ver el careto de los obreros. Vaya palo.
En el médico me atendieron enseguida, me dio mi doctora la buena nueva y casi me da el siroco segunda parte. Tengo cita en el endocrino para septiembre (soy una víctima más de las estupendamente bien gestionadas listas del sergas) y la cara como un semáforo en rojo por salir de casa sin haberme echado la crema.
En casa me dijeron "vaya, no eras inteligente y creativa, tenías mal la tiroides" (...)
Se puede decir que ayer fue uno de esos días tan entrañables que a cualquiera le gustaría recordar por navidad.
F.M: Le ha dado la vuelta a su vida. Antes era deprimido y triste. Ahora es triste y deprimido (Harry Norbert Kalas, 1936, Illinois, comentarista deportivo)