Estábamos en una clase de Filología Gallega. La impartía un profesor muy poco amigo de los lingüistas puros. Estos son, más o menos, los que pretenden normativizar el gallego sin respetar el uso que del idioma se hace entre el pueblo.
Comenzó a disertar sobre la diversidad del gallego y su riqueza lingüística y puso el ejemplo de que en la comarca de
Barbanza existían distintos vocablos para denominar una misma cosa: al tractor se le podía llamar “tratorico”, “tratorio”, etc.
En esto un compañero de los que no solía participar mucho en clase levantó la mano. El profesor, un poco sorprendido – como los demás- le dio el turno de palabra. Quería decir que lo que estaba explicando el profesor no era cierto ya que en toda Barbanza se le llamaba tractor al tractor sin ningún otro tipo de variación lingüística local. Lo afirmó con tal convicción que todos quedamos mudos.
El profesor, tras unos segundos de perplejidad, interpeló al alumno intentando sacarle hierro al asunto:
- Así que ti es lingüista, ¿eh?
El chaval, sin perder la seriedad ni la compostura, contestó muy digno de sí:
-Non, son de Barbanza.