Esta era una clase de ni siquiera recuerdo qué asignatura por lo impactante que resultó el detalle.
El profesor que la impartía era bajito y este memorable día había traído unas transparencias para proyectar en la pantalla blanca enrollable. Ésta estaba recogida así que, dada su estatura, pidió a alguien de la clase más alto que él que le echase una mano para llegar tubo blanco enrollado que estaba a la altura del encerado.
En un principio nadie se levantó, como suele ocurrir. Pero en muy poco tiempo, un vendaval de decisión se irguió cuan alto era y se encaminó desde las filas de en medio del aula hasta la tarima del profesor. Sin mediar palabra, irguió el brazo decidido y agarró un tubo blanco que había al lado del encerado. En la clase nos quedamos estupefactos porque no iba hacia el plástico del proyector sino hacia la luz del encerado, de similares características aunque visiblemente distintas.
El muchacho se dio la vuelta con la luz del encerado en la mano a modo de
Luke Skywalker, depositó el sable de luz recién adquirido en la mesa del profesor mientras éste lo seguía con la mirada y la boca abierta, bajó de la tarima mientras sus compañeros hacíamos lo mismo que el profesor y volvió a su sitio.
En la mesa yacía la luz del encerado con los cables salidos, estúpidamente rota, en un episodio tan surrealista que cuando empezó la carcajada general se debió de oír hasta en el
Monte del Pedroso.
JuAs jUaSs
Mi joven padawan que bello escrito hecho tú has. Así las cosas son, así la fuerza es.