Otro dato llamativo es que en todas las casas hay parabólica, aunque se estén cayendo –que no son pocas-, nosotros mismos en el hotel éste (de TRES ESTRELLAS Y CON MENCIÓN DE CALIDAD) teníamos mogollón y pico de canales aunque el teléfono fuera una reliquia importada de la guerra civil española. Eso sí, la emisión subtitulada en portugués y en versión original, un puntazo!! Al llegar al hotel nos quedábamos hasta las tantas como mongolitos delante de la tele viendo todos esos canales que sabíamos por el youtube que existían…lo dicho, un puntazo. Incluso vimos al amigo House en portugués “é um adorável mesquinho” jejje
En cuanto a la ciudad en sí está claro que está por hacer. Se nota que ha evolucionado mucho pero le queda lo mismo o más. Hay bolsas de basura apiladas por todas partes.
Las calles están bastante sucias y muchas casas están muy dejadas, que parece que de un momento a otro se van a caer, con las ventanas rotas, algunas incluso los tejados caídos y al lado gente viviendo…
…eso sí, con parabólica.
Los monumentos están sucios de humedad y de líquenes (como la catedral de Santiago un mes antes del Apóstol jaja), con andamios en algunos.
Aunque otros están impecables:
Obsérvese el tipo de institución que representan.
Muchas calles están cortadas por obras y otras tantas no salen en el mapa que te dan en la oficina de turismo, donde sólo te informan de los circuitos establecidos ya que preguntamos por otros parajes, entre ellos la Universidad, y no supieron decirnos. Por cierto, y muy importante, no se puede beber agua de la traída –no hay depuradoras-, lo descubrimos un día después de la impresionante cagalera. Para que después digan que viajar extriñe.
Nos ofrecieron “chocolate do bom” (un pedrolo bárbaro) en plena calle a mediodía, hay bastantes mendigos y peña colgada de la drogaína que pulula por la zona central sin pena ni gloria, resistiendo el paso del tiempo y de la lluvia que nos acompañó gran parte del viaje.