Así que, hoy por hoy, ésta es mi ocupación: las oposiciones.
Cuando mis tíos, vecinos, etc. me pregunten, con sorna o retranca “¿qué, YA estás trabajando?” (porque en sus casas y en los caminos comentan “mírala tú, y tanto que estudió la pobre”) diré con la boca llena y la cabeza bien alta:
- “NO, ¿Y TÚ?”
Si me dicen que no –lo más probable-, fin de la conversación. Y si me dicen que sí, les preguntaré de nuevo “¿y a qué hora te levantas?”, y fin de la conversación.
Otra opción es ver a la familia y a la vecindad sólo cuando esté currando: si es de promotora de una tarjeta de crédito diré que estoy en un banco; si es captando socios que apadrinen niños diré que en una ONG, si es vendiendo seguros diré que asesoro en MAPFRE. Y si es de camarera diré que soy Encargada de Restauración.
Aunque jamás podré huir de la realidad: mi carrera me persigue, y qué carrera se está dando!: estudio el estudio de un temario inabarcable y busco cursos gratis que puntúen (ambas condiciones “sine qua nom”) apoyada en cutrecurres quincenales que no haría ni un teletubbi.
Mientras mi vecina de 20 años se compró un SEAT Ibiza amarillo Piolín, quedó de primera por el final en un concurso de belleza (pero quedó), amañó un novio que le paga los visios en las Canarias durante el mes de agosto -y me imagino que los demás meses también- y el siguiente objetivo claro en mente: comprarse un piso en Ares. Trabajar…, alguna vez trabaja. Yo es que no sé cómo hace la gente. Si va a ser verdad que tanto estudiar no me sirvió de nada…
Así que hoy he decidido que me voy a rascar la barriga allll the deeeiiiiiiii (a lo mejor es así como se consiguen las cosas y yo perdiendo el tiempo…)