Lombarda (la que se acicala la narda) había decidido desconectar del mundanal ruido yéndose a una casa de campo un par de días. Dormía en una habitación con cuatro ordenadores, tres de ellos portátiles y uno pedazo torre del milenio. Y una nintendo DS. Ninguno de los artefactos era de ella.
El dueño de la “torre del milenio” se había negado a apagar durante la noche el tremendo PC que emitía un ruido sordo a la vez que sonoro y una serie de luces intermitentes unas y fijas las otras (ya sin hablar de las ondas electromagnéticas para que el futurible lector-a no atrape un indeseado cáncer) porque estaba bajando un paquete de programas de 5 gigas y pico para hacer retoques fotográficos, algo estúpidamente inimportante a lo que el ocioso usuario dio la prioridad de un gabinete de crisis, pasándose por el forro el descanso de Lombarda, la inquilina que una vez fue copropietaria.
A las 5 de la mañana, habiéndose acostado a eso de la 1 y media con la despreocupación de quien está de relax en el campo, se cumplió la profecía por ella misma augurada antes de dormir. El sonido del PC baja que baja y las luces, incorporadas al show las de los portátiles que estaban en standby y no se podían desconectar más que tirando del cable enchufado a la red eléctrica (a lo que Lombarda no se atrevió por miedo a represalias), la pobre moza, alterada por el ruido que se le había incrustado en el cráneo y la ansiedad acumulada de sonidos de tráfico, obras, vecinos… propios de la ciudad en la que vivía, se irguió asustada, oteando el desconocido entorno lleno de luces y el sonido, sobre todo el sonido, después sobre todo las luces, y en seguida todo junto “qué miedo estoy en una nave espacial” –pensó primero “me han interceptado los del gobierno y están experimentando conmigo en la NASA”- pensó después, “estoy dormida” pensó finalmente a la par que intentaba dominar su taquicardia e incorporarse para ir al baño a beber un vaso de agua.
Hasta las 9 de la mañana no consiguió volver a dormir, habiéndose sobresaltado peligrosamente una vez más cuando sonó el despertador del “bajaquebaja”. Ya inmiscuida en el placer soporífero del sueño perdido, a las 10 y media le despertó una voz chinchona que irrumpió como un tornado de los chungos en la habitación y cantaba a grito pelado: “qué bien se viveeee en el Caribeeee”, dirigiéndose maliciosamente a Lombarda.
Era la mujer del Homo Internáuticus.
Lombarda, al borde de otra taquicardia, pensó que aquella mujer estaba irremediablemente loca. Y lo confirmó cuando escuchó sus reproches hacia ella sobre que había hecho muchísimo ruido toda la noche abriendo y cerrando puertas, de arriba para abajo, que padecía insomnio y que Lombarda no le había dejado dormir nada pero nada…Estupefacta, la muchacha se defendió diciendo que ella tampoco había dormido nada por culpa del ordenador y por eso se había levantado al baño pero que había tenido cuidado de no hacer ruido. Añadió además que, cuando por fin comenzaba a coger el sueño, había sonado el despertador, electrónico por supuesto, de su querido marido… “Es que mi marido tiene la mala costumbre de trabajar” bramó la aspirante a triunfito mal traído en otro alarde de maliciosidad.
Los dos días que iba a pasar en el campo se transformaron en uno y por los pelos. Cuando llegó a la ciudad, Lombarda disfrutó escuchando el tráfico, los hablares, las obras no pero bueno, y se dijo para sí que no volvería al campo mientras pudiese ir al corte inglés.
Recuerdo la historia del gigante que lloraba y pedía una sabana y que no quería ir al Alcampo.

sí, está inspirado en eso y en un hecho real (que prefiero calificar de desecho)
Ayyy mi pichuuu que se va a londonnnnn