Carreteras secundarias sin señalizar entre parajes áridos de colores marrón amarillo negro y por sorpresa un grupo de árboles de copas verdes. Iluminados.
Casas de barro rojo y ladrillo ocre, todas iguales: equidistantes y llanas.
Calor y ganas de mear en algún lado de esta inmensa carretera sin señales. Pueblos del oeste yanki en la España del siglo XXI. Chalets unifamiliares cerrados a cal y canto.
Ruta: recorrido del cortejo fúnebre de Isabel la Catódica con un borrón en el paisaje…ay no, era el toro de Osborne…
Rumbo a Ávila con nubes de tormenta. De repente… ¡llueve! Parece que cae tierra del cielo, incapaz de explicarlo. Y ya en Ávila.
Una muralla impecable, un sitio cuidado y limpio con carritos y peones del ayuntamiento por doquier recogiendo la mierda o basura de un turismo de calité. Lugar tranquilo, silencioso, monacal.
En un bar no nos dan atendido para comer “¿nos morimos de hambre o cambiamos de establecimiento?” ya viene el camarero, hurrá.
Un plato: cochinillo cochifrito. Y judías del barco, chorizo de Ávila of course, queso puro de oveja (¿impura?) y para beber never cocacola sino los vinos de cebreros, para disfrutar como un obulense.
Típico postre: las yemas de Santa Teresa. Una caja de 12 cuesta sobre 4 eu. No las probé para mantener el tamaño de mi barriga y alrededores. Ahora me arrepiento, son ataques que me dan.
Pues parece que por aquí pululó Santa Teresa haciendo milagros y conexiones esporádicas con el más allá celestial. Debió de ser una santa con carácter.
Detalle: el BBVA y Pizza Móvil – de los establecimientos que yo ví- tienen sus logotipos tallados en piedra, integrados con la arquitectura del entorno.
Hay varios “centros de recepción de visitantes” en lugar de las aburridas e impersonales Oficinas de Turismo. Curious. Allí me encontré japoneses (pocos), italianos (un montón), y por Ávila adelante también, además de ingleses, franceses y un matrimonio de Valladolid que se había perdido. Así fue como descubrí que la catedral está en obras hasta noviembre porque, eso sí, las obras que no falten. Encima con Madrid a 90 km…todo se pega…jeje
Muchas monjas, una pena.
Para quién le haya gustado y quiera irse una temporadita, aquí le dejo este regalo del Señor y de Santa Teresita de Perlío (jojo):
Que la Junta de Castilla y León os ampare.