Lo universal no es más que lo local sin muros. Las barreras mentales son las más peligrosas y dañinas, ya que tras ellas se ocultan nuestros sueños y se albergan nuestras esperanzas.
El mundo no lo cambian los realistas y pragmáticos, sino los idealistas y utópicos que seguimos creyendo en que no hay fronteras y en que hay más cosas que nos unen que que nos separan.
En tiempos de crisis, veamos las oportunidades y dejémonos de rollos: la vida no hay que vivirla como si tuviésemos una de repuesto, comprendamos esto antes de que sea demasiado tarde.
Ya va tocando ser felices. Lo demás es barullo.