¿Hay algo peor que las marujas?
Pues sí, las marujas venenosas, las que disfrutan destrozando a la pipol.
En el edificio en el que vivo hay dos. De hecho llevan una hora rajando en el portal de la escalera de una mujer a la que le deben de estar pitando los oídos de lo lindo. Dicen que si no tiene dinero que deje de llevar tacones, ya me dirás tú qué tendrán que ver los tacones con el poder adquisitivo. Y algo gordo debió de pasar en la reunión de la comunidad porque estaban despotricando sobre lo que costaba no se qué y que alguien no quería pagar, esto hace un cuarto de hora aprox.
Y siguen, qué lenguas.
Me dan ganas de salir a decirles que se callen la puta boca, pero no me atrevo. La próxima víctima sería yo, eso seguro. Pero la cara que se les iba a quedar… eso sería impagable.
Para otro día.
Iduras de olla, vivencias, pensamientos y/o reflexiones, estructuraciones esquemáticas de búsquedas sin retorno y recorridos autobiográficos camino a ninguna parte, todo ello salpimentado con alguna chorrada inerte y patidifusa sin más explicación