Lunes, 29 de enero de 2007
Publicado por EDUKADORA @ 17:31
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Eran las diez de la ma?ana, o las once, o quiz? ni hab?a hora, ni reloj, ni persona, tal vez ni siquiera eso
y asomaba la nariz entre las monta?as de dulce hojalata que le hac?an heridas invisibles. Cierra los ojos y mira.
Tuve sue?os extra?os de los que recuerdo alguna sensaci?n lejana, un eco que me correspondi? en alguna ?poca de mi destierro...

Ahora son las tres de la tarde y pasa muy poca gente, algunos en grupos e individuos solos, gente que vuelve de alg?n lado o va para alguna parte. Hay momentos en los que no pasa nadie, pero escucho voces, voces claras que resuenan en el vac?o de la plaza.
A esta hora los que pasan van tranquilos, pensativos, incluso tristes, o alegres, riendo, sin prisa.
Gente trajeada y viejitas de pueblo, chicos y chicas de instituto y universitarios, gente que trabaja y jubilados distra?dos o melanc?licos (...) Es temporada de rebajas, y los carteles avisan al viandante para que no pierda la ocasi?n.
As? est? este centro de esta ciudad perdida, a una hora muerta como puede ser ?sta, con un trasiego mediano de idas y vueltas. Los edificios, inm?viles, parece que desmienten que dentro viva alguien, que haya movimiento en los mediod?as en los que la vida ciudadana se reduce a cuatro paredes, m?s grandes o m?s peque?as. Cuatro paredes, cuatro lobitos m?s uno, cuatro patas del gato que ni de noche es pardo.
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